La verdad es que ahora me siento bien sentado en el pequeño jardín de mi casa al atardecer. Estoy tranquilo aunque pendiente de las noticias del rescate del alpinista lesionado a 6.300 metros en el Karakorum. Ya no me siento responsable ocurre lo que durante varios decenios me ocurría, cuando sentía la imparable necesidad de trasladarme al lugar del suceso para tratar de ser útil y ayudar en lo posible a quiénes estuvieran en peligro. Ahora yo soy bastante menos de lo que fui y son muchos los que están en su mejor momento de fuerza, técnica y entrenamiento.

El K-2 es el pico más alto del Karakórum, y el segundo del mundo.

Ayer intenté volar en parapente. Para ello por la tarde emprendí camino al puerto de la Morcuera. Me cargué el parapente a la espalda y empecé a subir la cuesta bajo un sofocante calor. Fui despacio y subí bien, de un tirón, sin parar, recordando que cuando voy con algún amigo debo de hacerlo dos o tres veces. En la cumbre hacía mucho viento, aunque estaba muy bien orientado. Me senté a saborear el paisaje mirando allá abajo a los riscos de la Pedriza, esperando. A las siete de la tarde el viento pareció que descendía de velocidad. Preparé minuciosamente el parapente, me abrigué y me puse el casco. Esperé a que llegase esa pequeña ráfaga necesaria para enfrentarme con la pronunciada pendiente y sentirme en el aire, pero cuando decidí salir dando un paso adelante, noté que la parte derecha se había enganchado con las numerosas piedras, el parapente me volteó hacia atrás y me arrastró. Conseguí pararlo y me levanté entre grandes rayas de aire que me hicieron muy laboriosa y lento el trabajo de poder guardar la gran vela en la mochila. En lugar de bajar volando mirando el paisaje y soñando con que seguía siendo el mismo, me contenté con bajar caminando, pensando que a pesar de mis fracasos mantenía la voluntad intacta.

El rescate del Karakorum.

Decía al principio que estaba bien y tranquilo sentado en el jardín de mi casa. He estado y sigo estando estos días pendiente de las noticias del rescate del aragonés Oscar Pérez en el Latot II. Es cierto que se está haciendo todo lo posible, aunque opino qué lo único válido sería haber iniciado ya, dos días después de la noticia, en cuanto Alvaro Novellón se hubiese restablecido del gran esfuerzo realizado, y junto al americano Zangrillo, voluntario que había descendido del K2, ambos verdaderamente aclimatados, y algunos porteadores disponibles hubieran emprendido la escalada de la arista, igual que hicieron Oscar y su compañero, llegando a donde está Oscar, asistirle y comenzar a bajarle, ayudándole y descolgándole, bien por la pared misma o bien por la sur que parece ser el itinerario menos abrupto. Se han perdido muchos días de buen tiempo, con las gestiones de los helicópteros que nunca, o casi nunca llegan a tanta altura, aunque siempre pueden ser muy útiles, y esperando ayudas extraordinarias que nunca llegan a tiempo. Muchos preparativos que esperamos puedan ser verdaderamente útiles.

Para operar en esas cotas hay que estar muy bien aclimatado a la altitud y yo no sé si esos espléndidos alpinistas que han salido de España hacia el Latok –todos amigos y compañeros del club Peña Guara- Corominas, Ascaso, Simón Elías, Larrañaga y Portilla de Madrid tienen una aclimatación suficiente. Los únicos actualmente adecuados a esos esfuerzos son como pienso, el propio compañero de Oscar Alvaro Novellón y el americano Zangrilli y los porteadores de altura que puedan acompañarlos.
El club Peña de Guara está gestionando muy bien la difícil situación, reclamando la atención de los máximos poderes públicos, y haciendo que la noticia tenga la mayor repercusión posible. Es lo único que puede hacer que no es poco.

La trágica muerte de Luis María Barbero días atrás también en el Karakorum.

Pero lo que contrasta con lo que ahora está ocurriendo, es la completa ausencia de noticias de la anterior tragedia, la de la desaparición del alpinista de Alcoy Luis María Barbero, en las proximidades de la cima del Gasherbrum II, quién formando parte de la numerosa expedición en la que también se encontraba el veterano Carlos Soria, en el Gasherbrum, que hizo señales de petición de socorro con su linterna dos noches después, desde 7.600 m., señales que fueron contestadas por sus compañeros, sin que ninguno de ellos tratase de movilizar a unos rescatadores que estaban allí, en el sitio adecuado, y todos debidamente aclimatados a la altitud. De esta tragedia consumada no ha habido noticias en telediarios, ni movilización de ningún club, ni participación de esta angustia a autoridades o instituciones, ni salida de rescatadores desde España. Nada. Simplemente se dejó morir a Barbero allí mismo, sin que nadie quisiese sentirse responsable, aunque las circunstancias climáticas no fueran las mejores.

Gasherbrum II

Gasherbrum II

Este contraste de situaciones en las mismas montañas, y casi en sucesivas fechas plantean curiosas conjeturas que naturalmente yo no debo desarrollar como persona declaradamente pasional por los salvamentos de montaña, que siempre constituyeron para mí una de las más humanitarias y rotundas misiones del hombre en las montañas, habiendo participado en decenas de rescates y de ser el primer director de cursos para la especialización de los cuerpos de bomberos de España en salvamentos y rescates difíciles ( Dirección Gral. de Protección Civil del Estado 1980-1988).

Pido disculpas por exponer mis conjeturas cómo veterano rescatador de alpinistas y montañeros, deseando que esta vez se llegue a tiempo para descender a la vida a Oscar Pérez de las alturas del Latok, y que el meticuloso plan de rescate sea acertado y oportunamente a tiempo.