Primera Parte. Expedición del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid a Mongolia 2016
Por las estepas de Mongolia
Tras un breve desayuno en Ulaanbator capital de Mongolia, otro vuelo largo y no exento de  emociones nos trasladó a Ölgii. Yo soy parapentista miedoso aunque me atrevo a volar en las montañas y fui pensando en aquello tan juvenil de “solo me es seguro lo inseguro e incierto” aunque las térmicas en estos vuelos de aventura me intranquilizan…
En Ölgii nos espera una muchacha mongola, Ogui, con dotes de organizadora que habla estupendamente español y nos invita a subir con nuestros equipajes en unas antiguas furgonetas rusas. Nos distribuimos en los seis vehículos, además de un automóvil TT que nos sigue… emprendiendo un alucinante viaje a través de las estepas… Un recorrido impactante… que yo con casi sesenta años de explorador y viajero por las zonas menos frecuentadas de la Tierra no había conocido…
-¡¡Oye Ogui!!…¡¡Oye!!… Dile a este conductor que no tenemos tanta prisa, que vaya despacio, que así no podemos seguir, nos estrellaremos en las curvas o bajando esas cuestas llenas de guijarros… ¡¡Esto es de locos!! Hemos venido a Mongolia para ver el paisaje, caminar por estas preciosas estepas verdes hacia las montañas de Altai, en pleno territorio Kazaco, y subir si podemos a la montaña de Malchin -4035 m.- pero no a estrellarnos contra las rocas en estos vehículos…
Es curioso, pero yo, y también muchos de mis compañeros expedicionarios, estábamos totalmente equivocados… Los conductores eran excelentes conocedores de su misión, acostumbrados a conducir por estos terrenos de montaña sin caminos, o siguiendo unas “huellas“entre pedruscos… de aquí para allá… Aquí en esta zona del oeste de Mongolia se conduce así, no hay otra manera, ya que yendo despacio no se podría viajar asumiendo estas enormes distancias…
Fuimos parando para descansar algo del tremendo y violento traquetreo, aclimatándonos al viaje en aquellas furgonetas rusas TT, admirando a los conductores y valorando los inmensos parajes de interminables y extraordinarias extensiones…
Al atardecer paramos… Y cuando esperábamos encontrarnos un campamento montado con una veintena de tiendas, resulta que fuimos nosotros –viajeros cansados- quiénes levantaríamos el campamento, desconociendo el montaje de las tiendas, cada una diferente a las otras… lo que hicimos sin ganas, pero con prisas sintiendo la llegada de la noche…
Al día siguiente ya estábamos aclimatados a este alucinante viaje, y aún en inevitable tensión fuimos más tranquilos, mirando a las marmotas salir de sus madrigueras, viendo a los Yaks y a las vacas salvajes… Al lado del río nos esperaba una veintena de grandes camellos de dos jorobas, y otra veintena de caballos, para proseguir caminando la marcha hacia las montañas de Altai que se van divisando nevadas en sus perfiles…
El camino es bonito en hilera, siguiendo a Lucía Alfaya que siempre va la primera, con ese vigor que es una de sus grandes virtudes y que todos admiramos ranto, pero que es preciso atenuar, ya que los últimos se van quedando atrás… cruzando torrentes, saltando y sobretodo mirando el paisaje que se va abriendo para nuestra admiración…
Junto a nosotros va la caravana que incluye la intendencia, una decena de chicas y hombres, que son los que atienden la cocina, y el servicio a mesa puesta, dentro de dos preciosas tiendas comedor, sentándonos en cómodos asientos, algunos con respaldo incluido. La comida es excelente y el trato afable y distendido… Marta la elegante compañera, Lucía, la de tantas virtudes, Anita y Charo dos torbellinos de energía y solidaridad, Nacho ha destacado por su capacidad de servicio, además de su espléndida figura, todos ellos en la vanguardia de la actividad, aupados por Mariano, el guitarrista del caraoque,  sin olvidar a la docta Charo, de Jaca y a Gabi que sabe tanto de baile como de gimnasia, ni a “Tu abogado defensor” y su estupenda María Antonia, y por supuesto sin quitarle un ápice de sano protagonismo a Gridilla, campeón de museos, que en las serranías sigue a su esposa que le va abriendo el camino de la cima… José Carlos y Alba son un ejemplo de armonía, y por supuesto el gran Ángel Marco y Pilar que discretamente –elegantemente- sonríen… Nieves… fuerte y reservada, va dando paso a esa familia completa, de Rodrigo el cineasta, Ángeles la doctora en Arte y Fernando el gran banquero, seguidos por Carmen y Víctor, perfectos viajeros, Margarita y Pilar siempre sonrientes, y Lalanda que observa con permiso de Ogui, captando con su cámara coulta imágenes en movimiento, sin perder de vista a Gonzalo que continúa con su planchada camisa de cuadros, dispuesto a sentarse en la tienda comedor…
Otro día más y llegamos a nuestro campamento base, viendo el bellísimo glaciar que desciende como un gran río de hielo de las más altas cimas, como el Khuiten, el Narlag o el Narandal, unos parajes protegidos, patrimonio de la Humanidad, perfectamente nevados como en la mejor fotografía… Todos los expedicionarios, absolutamente, han caminado muy bien siguiendo la marcha de Lucía, que no cede en la cabeza del numeroso grupo, que solo ha parado para dejar paso a la larga caravana de camellos y caballos que llevan tiendas, alimentos y todos los equipamientos para nuestro servicio…
Estos parajes son excepcionales en belleza y el tiempo nos está recibiendo con las mejores luces, con noches frescas, pero no frías, y días calurosos a pesar de estar alcanzando los 3.000 metros… la altura mágica que precede a las cumbres…
Es esta nuestra tercera noche en tienda de campaña, y en las dos anteriores he pasado frío por aquello de la camaradería, pero no importa ya que mañana probaremos el camino hacia la cima, el Malchin, una montaña que ejerce de frontera con Rusia, y que presenta un largo contrafuerte rocoso con una arista nevada, frente al macizo que domina el Khuiten.
María Antonia no está bien y decide no subir, y su esposo, el abogado defensor, José Carlos, en un responsable y amoroso gesto abandona el esfuerzo de la cima para estar a su lado… Marta también desiste, y Gonzalo estima más prudente no salir del campamento… Carmen también se queda, a quién después acompañara Alba y Nieves, que regresan al comenzar la verdadera ascensión… que como todas ellas son un ejercicio de paciencia y humildad, sumiéndonos a los ascensionistas en esos pensamientos con los aires de lo alto…
La ascensiónDSCF0288DSCF0293DSCF0297 - copia - copia - copiaDSCF0309 - copia - copiaDSCF0331DSCF0377DSCF0380DSCF0391DSCF0389DSCF0390DSCF0402DSCF0365DSCF0376
Ya estamos andando hacia el Malchin, despacio, como siempre aconsejo, muy lentamente al principio para ir haciendo que el cuerpo vaya reaccionando al esfuerzo –consejo que nadie escucha ni ejercita-  Vamos cruzando arroyos y praderios, hasta encararnos con esa vertiente rocosa que son rocas mal colocadas que podrían ocasionar un peligroso alud –en la bajada lo veríamos menos posible-
La subida es lenta, quizás monótona, y ello hace que nos repleguemos en nuestro interior y hagamos propósito de enmienda, acompasando los latidos del corazón…
Estamos llegando a lo alto… después de algunas paradas, y ya se ve la cima –que es como una gran verdad- una verdad que se oculta en las mentiras de lo que parece ser y no es… Entonces me acuerdo de aquél verso que me dedico en Ávila el poeta Muñoz Molina: “La cima siempre es lo más alto, y contentarse con menos es morir prematuramente…” Y nosotros, una vez más, queremos seguir viviendo intensamente y deseamos llegar… Sí, llegar… Vivir por vivir… Caminar por caminar…Esforzarnos… para decirnos a nosotros mismos que estamos sobre las cimas, en lo más alto de las montañas de Altai y de Mongolia, mirando a Rusia y a China, sin perder la vista a Kajastan, el país de los kazajos o kazacos, etnia que vive en esas inmensas estepas que hemos recorrido desde Olgii…
Los blancos y artísticos cabellos de Gloria la hacen inconfundible en la larga arista de la cima, junto a Domitila que callada va llegando sin apenas notársele el esfuerzo, que tampoco se vislumbra en Olaia, que silenciosa y sentida se abraza a Esteban en la misma cumbre…
Tantos afanes por alcanzar la cima, que tiene, a mi juicio, un valor trascendente, lleno de magia, la cima de la vida -que dijo Ridcher- aquél explorador de la Patagonia, la vida que encierra el misterio del sufrimiento, a mayor sufrir mayor recuerdo… Aquí, subiendo se aprende a vivir en la disciplina del gran sufrimiento…En la cima las fotos, y allí Miriam, la de Gridilla hace la “V” de la victoria y José Carlos Jimeno se preocupa por ella, la de su destino, que optimista y alegre ha recuperado la paz al llegar a lo alto.
Hay que bajar… Bajar con cuidado, poniendo bien los pies, a veces con precisión, derrochando energía por la larga arista. Yo voy charlando con Víctor, el navegante grande de cuerpo y de espíritu, que me va contando sus años de montañero-escalador en la Pedriza. Ambos bajamos de prisa, sin darnos esa pausa que vendría bien a nuestros corazones, que rechazamos con una pizca de soberbia, purificados y en paz…
-Oiga usted, Tudela, dígame que es lo que ha ganado con esta ascensión…
-Pues mire, por lo pronto he visto que sigo teniendo fuerzas para subir, que sigo siendo un joven mayor que se mira por dentro, ejerciendo el cansancio… Además ahora estoy bajando y no puedo distraerme con su pregunta… Ya hablaremos después…
La bajada es larga pero se hace corta viendo cómo se aproxima la tormenta que pronto cubre la cumbre y comienza la nevada… ¿Bajaran bien los de arriba? Tenía que haberme quedado el último para ayudar a los menos expertos… En esta expedición, en estas últimas, estoy delegando mucho esos momentos de servicio tan importantes… pero lo cierto es que empiezo a ser mayor para estas actividades y esta responsabilidad… pero se me olvida y enseguida pienso en realizar tal o cual escalada… ¡¡ Que serio e importante es la escalada!!
Y todavía no debo entregar mi cuerpo… de acuerdo con el Lama Milarepa y el barón de Cotopaxi…
Llegando al campamento sale a recibirme Ángeles, la que espera ver a Rodrigo, el camarógrafo de la expedición, que trabaja intensamente buscando planos, caras y gestos…     Continúa nevando y aún no han regresado todos los compañeros de la cima…Lo que me preocupa…
(Continuara)



Historias recientes: Miguel A. Pérez Álvarez y Quico DalmasesEscalada en hielo 3 026 Salida del Canalizo
Ayer se celebró una misa con motivo del 2º aniversario de la muerte de Miguel Ángel Pérez Álvarez, que hace dos años apareció muerto en una tienda del campamento 4, a 8.300 m, en el K2, en donde quiso refugiarse para pasar la noche, después de haber alcanzado su cumbre,
En Miguel Ángel, leonés, nacido en Barcelona, de 46 años todo resulta extraordinario, tanto como alpinista de grandes montañas, como por su condición de directivo de altas responsabilidades. Profesor de esquí, y abogado del Estado, Miguel Ángel merecía por su cualificación ser más conocido y con ello más admirado.
Para este veterano escalador de montañas, cualquier joven que se adentra en el ámbito del alpinismo merece un indiscutible respeto, sea cual sea la importancia de las escaladas o ascensiones realizadas, pero existen una serie de grandes personajes que por elemental justicia son acreedores a figurar en el cuadro de honor de la historia de las montañas
Y uno de ellos es Miguel Ángel Pérez Álvarez que había escalado ya cuarenta cimas de más de 6.000 metros, así como una treintena de montañas alpinas de 4.000 m., además de haber estado en muchas cumbres más del Cáucaso, macizos africanos, Pamir e Himalaya… en donde se había alzado sobre el Gasherbrum II, el Nanga Parbat, el Everest, el Cho Oyu, el Broak Peak, el Lhotse, el Dhaulagiri, el Manaslu, además del K2 en donde se encontró con la muerte.
Miguel A. Pérez Álvarez no era un alpinista corriente, si es que los alpinistas pueden llegar a serlo, él había realizado gran parte de sus actividades en solitario, y en el Himalaya había prescindido de sherpas y oxígeno artificial, es decir subía por sí mismo, como los antiguos cánones mandaban.
Es bueno, de vez en cuando, recordar a nuestros compañeros muertos, ya que ello nos hace incluirnos en esferas más humildes, reconociendo la calidad, el riesgo y el verdadero esfuerzo de unos pocos que nunca presumieron,  siendo ejemplares en esta actividad de tantos contrastes y de tantos valores como son los caminos de la alta montaña…
Debo de recordar en estos momentos también la figura siempre admirable de Quico Dalmases, el joven catalán que desapareció en el Dhaulagiri, prosiguiendo solo la difícil escalada de la ruta checoslovaca… del que nunca más nadie supo nada… Dalmases había reunido un historial de grandes ascensiones y difíciles escaladas tanto en los Alpes, como en otras grandes montañas de la Tierra, recordando especialmente la pared norte del Eiger que realizó en solitario, tras haber escalado las más prestigiosas rutas alpinas y las montañas más famosas por su histórica dificultad.
Yo viví el drama de varios días de Rabadá y Navarro sobre la citada pared norte del Eiger, así como  de tantos otros alpinistas españoles que nunca olvidaré. Gloria y honor para todos ellos, pero sin olvidarnos de estos nombres ejemplares que ilustran y enaltecen nuestra pasión por la vida. Es cierto que algunos logran casi la fama de la inmortalidad y otros, con méritos suficientes son olvidados por la historia.



Recordando a Franz Lochmatter
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Franz Lochmatter fue uno de los grandes escaladores y guías alpinos. Era hijo de José María Lochmatter, también guía de montaña, que murió en el Dent Blanche en compañía de su hijo Alejandro y de otro alpinista que los había contratado para efectuar la escalada. Todos los hijos de José María fueron guías, entre los que se encontraba nuestro personaje Franz, del que se hablaba con respeto y admiración, incluso muchos años antes de obtener su título de guía…
En aquellos primeros tiempos, Sir Edwart Davidson, lo califico como el mejor escalador de rocas (ahora con un número tan elevado de grandes escaladores sería imposible una afirmación así de rotunda) y uno de los más valerosos escaladores en el hielo…
Su gran talento como alpinista, su sencillez, su carácter generoso y apacible, su humor constante, junto a una modestia, que le hacía se apreciado por cuantos alpinistas le conocieron…
El capitán Ryan, famoso alpinista, le contrato durante varias temporadas recorriendo varias regiones de los Alpes efectuando numerosas escaladas y ascensiones, especialmente en las Agujas de Chamonix, entre ellas la travesía de la vertiente SE de Los Drus, la Verte por la Charpua, el Moine, los Charmoz por la Mer de Glace y las aristas N.O, las Aiguilles de La Blaitiere, el Grepón, el Taeschhorn por el Sur, el Monte Rosa, el Dent de Herens, el Gabelhorn, y tantos otros itinerarios que en aquellos tiempos eran “primeras” llenas de emoción y sorpresa…
Sus compañeros en tantas escaladas -que otros llamaron vulgarmente clientes, sin considerar el fuerte vínculo sobrellevado- le tacharon de brillante, magnífico y valiente, anotándolo en su cuaderno de guía…
C.F. Meade le llevó como guía al Himalaya, monte Kamet… siendo el guía principal en la primera expedición al Karakorum, en 1922 y años después al Hindu Kush y al Turquestan chino… Su compañero y hasta cierto punto rival fue el famoso José Knubel.
Sus más de treinta y tantos años como guía le hicieron ser uno de los más importantes escaladores alpinos, un caso único de lealtad y honradez – nunca habló mal de ninguno de sus compañeros-  guías o no, un verdadero ejemplo para los tiempos en los que vivimos. Para memoria y conocimiento de tantos alpinistas que en estos últimos decenios realizan escaladas y ascensiones dignas de ser admiradas, pero que en sus calificaciones personales no llegan a la sencilla y leal humanidad del importante personaje que hoy alzamos en el recuerdo.

 

 

 

 



Noel GonzálezPortada ALMUZARA
31 de mayo ·

He disfrutado y aprendido con este libro, mucho más de lo que me imaginaba. He conocido por fin, a un personaje de nuestra historia alpina y aventurera. No sé cuánto se le debe a este Maestro. Lo que sí sé, es lo que personalmente le debo yo. Gracias por este libro, gracias por esos descubrimientos, gracias por tu sabiduría, y sobre todo gracias por darnos a los que amamos las montañas y la aventura, un camino a seguir. Amigo Cesar Pérez de Tudela que el Barón del Cotopaxi no se pare jamás.
Espero ese café muy pronto.



Portada ALMUZARAPortada ALMUZARAMorir es sólo un trámite
¿Morir es solo un momento? ¿Es un trámite sencillo? ¿Podría ser evitable?
Hoy ha sido para mí un día distinto… con el latente temor del camino hacia el más allá… no por caída… escalando o volando o por accidente, sino simplemente por fallo cardiaco, el de un corazón gastado en la intensa y fascinante carrera de la vida…
El dolor en el pecho me ha acompañado constantemente, sin descanso. Y mi reacción ha sido de mentalidad “distorsionada” casi descabellada… No he ido como cualquier persona normal y razonable a la clínica –en mi caso al Hospital de Torrelodones- muy próximo. Y he actuado como si el dolor no fuera conmigo, y el que tuviera que sufrir las consecuencias o morir fuera yo, o dicho de otra forma… no he tenido ningún temor hacia esa muerte que parecía probable o incluso posible.
¿Morirse es solo un trámite? Efectivamente nunca he sentido miedo ante ese último capítulo, aunque siempre he deseado aplazarlo para poder hacer algo más en la vida… por mis hijos y por los hijos de mis hijos, por mis libros futuros y experiencias escritas, dejando solucionados temas enojosos y desagradables como testamentos, herencias y otras complicaciones sucesorias… El muerto es el que menos lo vive, y son solo los allegados los que sufren las consecuencias de una planificación insuficiente
Perdonen pero se lo sigo contando… Yo sabía que estaba sintiendo un dolor grave en el pecho, ese dolor que te impide hacer o pensar… duele el corazón… Mi vertiente práctica, sensata, y racional me decía: Debes de ir al Hospital de Torrelodones… está aquí, cerca…
Atendí la entrevista de Radio Marca, anunciada, torpemente, menos mal que fue corta y sencilla… Y otra vez el dilema se presentó…
O voy al hospital ahora mismo o voy a la Pedriza… montaña arriba, en el refugio de Peñalara… en donde un acto requería mi presencia… ¿Pero estaré en condiciones de caminar por cuestas llenas guijarros? ¿El dolor continuara?
El dolor desagradable y firme ya lo había tenido en ocasiones anteriores:
-1. En la Paz, regresando del Illimani, del rescate de aquellos chilenos que se despeñaron… Aquello fue el principio, una dura angina de pecho…
-2. Escalando la Cascada de Kumbu en el Everest, cruzando aquellos puentes balanceantes de escaleras de aluminio, sobre las profundas grietas negras, en equilibrio… volví a sentir el inconfundible dolor… hasta que llegando casi al valle del Silencio… no pude seguir… aquello era un infarto… llamé por el walki pidiendo ayuda y allí me quedé solo conmigo, unas veces sin sentido y otras sabiendo lo que ocurría… El rescate fue otra experiencia… y soporte la vida dolorida encima de las mesas de la expedición militar… eso sí, velado por todos mis compañeros, los de la expedición militar y los de la Complutense, de dos en dos…
-3. Años más tarde, también por encima de los 5.700 metros en Ladak, escalando el Gulab Kangri, tras unas trepadas rápidas surgió nuevamente… Me quedé solo y pensé que ese dolor cada vez más fuerte me aniquilaría allí mismo, y me dispuse a morir… Milagrosamente mi muerte no llegó… Mil metros abajo me esperaba el campamento a donde se dirigían mis compañeros sin saber nada de mi infortunio… Bajé esos mil metros como pude, asumiendo que tendría que soportar el continuo padecimiento… Llegué a mi tienda y sin decir nada a nadie me deslicé en mí saco y me dije, creo que en voz alta:
-¡Si mañana me despierto es que sigo vivo!… ¿Y si no?…
Efectivamente aquellos episodios cardiacos dejaron lamentables consecuencias en mi corazón… El dictamen fue “Arritmia ventricular con peligro de muerte súbita” Zona infartada, arterias interrumpidas…
Ello no impidió, gracias a Dios, que prosiguiera mi ritmo expedicionario y tras una veintena de exitosas expediciones, evitando las montañas de mayor altura, me sometí a unas intervenciones para neutralizar las arritmias que recibe el nombre maldito de ablación…
También me colocaron Un “estén” ese muelle para ensanchar la arteria principal… He de confesar que me sometí a esas manipulaciones con los mejores especialistas para tratar de vivir las experiencias de retornar al Everest y poder participar en esas aventuras de moda en las que los sherpas son curiosamente los verdaderos protagonistas…
Pero no lo he conseguido… Y la asfixia de la altitud me sigue persiguiendo, y ya me he resignado a seguir viviendo sin cimas superiores a los cinco o seis mil metros…
Pero ahora, hoy, día de San Isidro, yo tenía ese dolor en mi pecho continuamente, y mi maldito optimismo me apartaba del camino del hospital…
-En la clínica en cuanto llegues te pondrán los cables del electrocardiograma, luego una vía en las venas de la mano, y estarás de observación, después de avisar y asustar a tu familia…
Mi optimismo ha continuado tan vivo como el dolor… Quizás irá cediendo, tras estas dos horas, pero mi mente ofuscada ya no concretaba ninguna otra posibilidad…
En esas condiciones alarmantes he llegado a la Pedriza y no he podido entrar en el Parque, lo que me ha obligado a subir andando casi desde el mismo pueblo de Manzanares el Real. Y confieso que tras esas dos horas de lacerante dolor este se ha ido disipando con las respiraciones profundas de la caminata… que yo procuraba tuviera un ritmo razonable…
No oculto -y menos a mí mismo- que me ocurren sucesos infrecuentes, y así ha ocurrido a lo largo de estos últimos 55 años… Y algún día, cada vez más próximo, deberé de morir, pero hoy no lo espero… El refugio Giner de los Ríos estaba lleno de montañeros veteranos y con una hora y media de retraso he recibido el saludo afectuoso de la mayor parte de ellos… Incluso he llegado antes que mi compañero el Ardilla, Pedro Antonio Ortega, que acompañado por Mila, la chica rusa que le cuida, ha podido subir en sus deficientes y especiales condiciones… Pero ni el saludo afectuoso de tantas decenas de amigos y conocidos, o la presencia siempre grata de mi compañero Pedro Ardilla, me han hecho pasar por alto la curiosa y atípica situación vivida y sobrevivida. Ya meditaré al respecto…

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