Miércoles, 9 de Mayo de 2012
Otra vez el Annapurna.
Antes ir a un 8.000 era verdaderamente excepcional. Ahora es frecuente y ya casi no es noticia.
Yo fracasé en 1973, hace cuarenta años. Pero veo con el paso de tanto tiempo que fracasé en esa peligrosa montaña del Himalaya con dignidad.
Yo había ido solo y tras más de veinte días equivocando caminos pude llegar al campamento base. Entonces casi nadie sabía cómo se llegaba a través del collado de las Nilgires.
Allí estaba la expedición italiana de Guido Machetto, la que se retiraba tras la muerte de Müller y Rava, a causa de una avalancha que los arrastró mientras dormían dentro de la tienda.
Yo iba clandestino, sin permiso, pero nadie vigilaba la montaña.
Me quedé solo. Mi sherpa, Dawa Geizen, un joven afable, asustado y todavía nada experto, se quedó a esperarme en el campo base.
Entonces la única ruta conocida era la abierta por los franceses, la que supera por la izquierda el glaciar colgado de la Hoz, la de la primera ascensión de 1950, más peligrosa aún por las avalanchas que la actual, la que utilizan ahora todas las expediciones.
Un amanecer mi tienda desapareció dejándome sin nada, entre los campamentos 2 y 3, que aunque protegida por una barrera de seracs, salió despedida por el viento producido por un desprendimiento que venía de lo alto.
Me tuve que retirar lleno de ilusión por la vida. Nadie entonces había intentado absolutamente solo, sin nadie en la montaña, emprender esta loca ascensión.
Fue una buena suerte fracasar y poder seguir viviendo. Sin aquella providencial onda expansiva posiblemente no habría podio descender vivo.
Ahora todo es distinto. Soria, siempre sabio y prudente, se ha retirado, mientras que un grupo de ocho, entre ellos los españoles Oscar Cadiach y un gallego de Vigo llamado Senchu, han llegado a la cima, cercados por las frecuentes avalanchas que ya han causado víctimas mortales entre los expedicionarios, víctimas que ya no son noticia.
Ahora, curiosamente, la muerte es menos noticiable que el éxito.
La sociedad y los mercados exigen ahora el triunfo, la cumbre, por encima de las viejas virtudes de la compasión y del compañerismo.
La vida es una carrera hacia la cima en la que nadie se detiene para ayudar a los que la fatalidad deja inertes a los lados de las avalanchas o en el borde de las grietas. Salvesé el que mejor pueda.
“Cinco Montañas Solo” Edit. Desnivel.





